PECIO

Según la definición de la RAE pecio, procede del bajo latín pecium: Pedazo o fragmento de la nave que ha naufragado. Esta palabra ha sido muy utilizada últimamente por los periodistas de prensa escrita, sobre todo cuando aluden, por ejemplo, al expolio llevado a cabo por el barco estadounidense Odyssey del pecio hundido frente a las costas portuguesas en el Atlántico. Finalmente se ha descubierto que se trataba de un buque español naufragado en una batalla con la flota inglesa.

Así que un juez americano ha dado la razón a España y ha obligado a devolver todas las monedas sustraídas de forma ilegal por el Odyssey.

Vamos a leer una noticia sobre el asunto!

Odyssey rastreó un mar de pecios españoles

El buque estadounidense navegó sobre cien navíos coloniales en los días en que halló el tesoro

ÁLVARO DE CÓZAR – Madrid – 01/06/2007

El lugar en que la compañía estadounidense Odyssey encontró un tesoro de 500.000 monedas, y que podría dar lugar a una reclamación por parte de España, empieza a identificarse. Los movimientos del buque Odyssey Explorer registrados por los controladores del Estrecho durante abril y mayo indican que partió de Gibraltar hacia el oeste para adentrarse en aguas del Atlántico. Durante 25 días, el Explorer navegó sobre una zona llena de pecios españoles, hundidos durante la época de las colonias. Ante las sospechas de un presunto delito de expolio, el Ministerio de Cultura ha presentado una demanda en EE UU. Odyssey asegura que aún no tiene datos claros para determinar la propiedad del pecio.

 Así ocurrió. El Odyssey Explorer, el buque insignia de la compañía estadounidense Odyssey Marine Exploration que ha hallado un tesoro de 500.000 monedas de plata, navegó durante días tan alejado de las costas españolas que no pudo ser vigilado constantemente por los controles de Tarifa Tráfico. Y lo hizo en un lugar del Atlántico en cuyas profundidaes descansan unos cien pecios españoles, según estimaciones de arqueólogos e historiadores; un botín de plata y oro de las colonias españolas.

En la sala de operaciones de la Estación de Control de Tarifa Tráfico, situada en Punta Camorro, entre los parques eólicos y la milenaria ciudad, los controladores observaron al Explorer durante meses. La mayoría de sus movimientos ocurrieron en aguas del Estrecho. Casi siempre estuvo atracado en el puerto de Gibraltar; otras veces se movió hacia el mar de Alborán, donde la empresa trataba de identificar un galeón británico Sussex, hundido en 1641. Esos fueron los movimientos del barco hasta marzo. Pero el premio gordo estaba al otro lado del Estrecho. Hacia allá se dirigió el buque en abril.

 Según los controles de Tarifa, el buque partió de Gibraltar a principios de abril. Su transpondedor AIS (sistema utilizado en todo el mundo y obligatorio para casi todos los buques; es una antena que emite la posición y velocidad de las naves a los receptores de la zona) permitía conocer su localización… hasta cierto punto. Los cinco receptores de AIS situados entre Algeciras y Gibraltar pueden controlar sobradamente el Estrecho, pero su capacidad va disminuyendo a medida que los buques se alejan hacia el oeste. Precisamente en esas mismas fechas, y a unas 30 millas de Gibraltar -la distancia que según los expertos puede cubrir con claridad la torre por ese lado del mapa- el Explorer desaparece.

No se le vuelve a detectar hasta el 5 de abril, aproximándose de nuevo a la Bahía de Gibraltar. La misma situación se reproduce días más tarde, entre el 6 y el 10 de abril. El viaje más largo del Explorer transcurre entre el 17 de abril y el 12 de mayo. Durante esos 25 días no hay registros; sólo se sabe que está en algún punto del Atlántico, fuera de las 30 millas de media que alcanzan a detectar los controladores. El 12 de mayo regresa a Gibraltar y cuatro días más tarde un Boeing 757 fletado por la compañía estadounidense despega hacia EE UU cargado con 500.000 monedas. El 18 de mayo, Odyssey anuncia el descubrimiento del tesoro: 17 toneladas en piezas de plata y oro procedentes de una nave de época colonial, halladas en un “lugar indeterminado” del Atlántico.

Los movimientos del Explorer son importantes porque su interpretación podría despejar la duda de si el tesoro se encontraba o no en aguas españolas. Para Tarifa Tráfico y la Guardia Civil, el capitán del Explorer podría haber desconectado el transpondedor, una maniobra ilegal que le hubiera permitido pasar desapercibido. Odyssey lo niega y sostiene que el hecho de que el buque desapareciera de la vigilancia de los sistemas de control prueba que el barco se alejó más allá de las 24 millas de zona contigua española, donde el mar empieza a ser una zona libre de la soberanía de cualquier país.

Mientras tanto, la Guardia Civil Marítima vigila al buque en las postrimerías del puerto de Gibraltar, pero ni el Explorer, ni su hermano menor, el buque auxiliar Ocean Alert, salen a menudo. Por otro lado, la Brigada de Patrimonio del Instituto Armado ha comenzado otra investigación para averiguar si la compañía ha incurrido en un delito de expolio. De ser así, la fiscalía de Sevilla sería la encargada de abrir las diligencias. Por ahora, son sólo sospechas que se basan en la proximidad del buque a Gibraltar y en la cantidad de pecios españoles que hay en la zona.

Los vecinos del Estrecho han visto mil batallas y tempestades en esas aguas. El número de barcos puede ser mucho mayor en la zona donde Tarifa Tráfico pierde al Explorer. Desde que en 1503 se estableciera en Sevilla la Casa de Contratación, el trasiego de navíos en la zona se convirtió en uno de los más intensos del mundo. Aún más a partir de 1717, cuando la Casa se trasladó a Cádiz. Los naufragios eran frecuentes. Las tempestades, las batallas, los problemas técnicos o la mala suerte llevaron al fondo del mar unos cien barcos españoles cargados con tesoros de las colonias españolas: El Santa Cruz (1554), el San Juan de la Veracruz (1628), el Nuestra Señora de la Consolación (1660), el Nuestra señora de las Mercedes (1804)…

Un botín millonario aún por rescatar frente a las costas de Cádiz y que, por ahora, sólo es una especulación derivada de la falta de información y del deseo de conocer el nombre del pecio encontrado. La compañía Odyssey Marine Exploration insiste en que aún no sabe de cuál se trata. Las pistas son contradictorias, señala la empresa. Odyssey explica que en una zona como la del Cisne Negro (nombre que la compañía ha dado al proyecto) hay barcos de distintas nacionalidades y muchos de ellos pueden contener evidencias que apunten a varias naciones: “Si España tiene algún derecho se le informará cuando acaben los análisis y podrá reclamar parte del tesoro encontrado”.

Esto no ha calmado a las autoridades españolas. Por si acaso, aunque aún no se sepa si España tiene derechos sobre el pecio, el Ministerio de Cultura ya ha puesto el caso en manos del abogado estadounidense James Gould, experimentado en reclamaciones sobre patrimonio español hallado en las costas americanas. Según el Ministerio, el abogado presentó el pasado 29 de mayo una demanda ante un tribunal de Florida, en la que se señala que España no cederá los derechos de ninguna propiedad española que esté en los lugares por los que Odyssey ha viajado durante el pasado año.

 

 

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